martes, 9 de octubre de 2012

Conduciendo por la vida


La imprudencia suele preceder casi siempre a la calamidad.
Apiano de Alejandría
20% de los accidentes automovilísticos en la ciudad del Distrito Federal son a causa del mal uso del celular, ¿impresionante? México es uno de los países, más imprudentes, afirmación que no se dice al aire, las estadísticas no nos dejarían mentir, todo accidente en México es causado por una imprudencia muy grande, nuestra apatía y perezosa facilidad de hacer las cosas ha llevado a muchos, a perder una mano, un dedo, un ojo y hasta la vida.

Algunos muy salsas podrían argumentar que “somos ingeniosos”, es claro, pero ¿cuantos accidentes en empresas se han suscitado por un trabajador que facilitó “ingeniosamente” su labor, llevando un banco a una zona donde el espacio es reducido por maquinaria que implica ser utilizada de pie?

El mexicano es individualista, si se le advierte que contestar su celular cuando maneja aumentará un 40% de riesgo su vida, pensará “ok es mi celular, mi auto, mi vida”, sin embargo no pensará en su compatriota peatón, a quien también aumentará su riesgo de vida.

La vida del conductor y peatón siempre se encuentra en riesgo, pero ¿que pasa si nos preocupamos por ambos y prevenimos accidentes?, sin duda alguna, todos estarían de acuerdo, pero ¿Qué hacer? ¿Cómo llamar al uso racional del celular frente al volante? Actualmente nuestras leyes de transito han llegado a ser modificadas para nuestros nuevos tiempos y encontramos que a pesar de que sean cambios para nuestro bien, muchos automovilistas se molestan al ser multados por no cincuenta, no treinta si no cuatrocientos a ochocientos pesos, por utilizar indebidamente el celular en el auto y peligrar la vida de terceros.

Entonces ¿que hacer? La vida de todos peligra en las calles, del automovilista no hay iniciativa por salvar su vida y si se le presiona se molesta, ¿dejarlo morir en paz y con el celular en mano? Imprudente ¿no? Ya que nuestras leyes nos amparan para salvar la vida del conductor y peatón, ahora es nuestro turno de actuar; una iniciativa es creación de conciencia con la publicidad, publicidad objetiva y fría, donde se muestre las consecuencias desastrosas de contestar el celular y no utilizar manos libres; todo un bum publicitario en cines, internet y TV por salvar nuestras vidas, multas más altas, por que bueno, el mexicano aprende a la mala y a la mala debemos salvarle la vida. Las calamidades no tienen por qué suceder, si uno previene y cuida a sus paisanos.

El estanque del Mexicano



Confundiste el cielo con las estrellas reflejadas por la noche en la superficie de un estanque.
La Sangre de los Elfos Andrzej Sapkowski


¿Qué es un estanque? Según la Real Academia Española es una “balsa construida para recoger el agua, con fines utilitarios, como proveer al riego, criar peces, etc., o meramente ornamentales”. Se preguntará que tiene que ver con el mexicano, y es que literalmente la sociedad del mexicano ha encontrado cierta comodidad en su vida diaria, en su estanque habitual. El formar una familia, tener hijos, darles estudio, tener un buen empleo (con poco tiempo de labor, pero mucha vacación), a simple vista el mexicano, lo ve como una vida aspiracional y completa.

Con lo anterior no quiero decir que no este bien buscar esa aspiración, pero ¿que pasa cuando esa es la única aspiración de cada mexicano? Por lo general son nuestros padres quienes nos han inculcado que ese es nuestro único objetivo en la vida.

El mexicano teme salir de lo cotidiano, el empleado ve su vida entera de empleado, por que sus antecedentes le marcan que así debe de ser, maldicen a aquel que se sentaba junto y ahora es su supervisor; creemos ciegamente que el dar estudio a nuestras generaciones futuras el país cambiara, sin darnos cuenta que esa era la idea de nuestros padres con nosotros, de nuestros abuelos con nuestros padres, etc. Todos buscando la salvación solo en el estudio, sin darnos cuenta de que también el ejemplo de nuestros antepasados es un fruto que lo llevamos para siempre y lo heredamos para siempre.

¿Por qué nuestros antepasados se conformaron? ¿Por qué lo hacemos aún? Tememos al reto de cambiar, de buscar nuevas aventuras en el ámbito profesional, tememos competir, por el hecho de perder; simplemente nos conformamos por miedo, a lo desconocido del mañana.
¿Qué espera el mexicano para dejar de conformarse? Nuestra “arraigada” religión nos dice que confiemos en Dios, ya él proveerá. No nos habla de luchar, de buscar, de indagar, nos da la confianza de que todo esta deparado para nosotros, ¿entonces porque luchar?

Si como mexicanos viéramos que no estamos en un estanque, no esperárimos a que algo terrible pasara en nuestras vidas para cambiar, ni siquiera confiaríamos en que un ente divino nos proveerá, ni mucho menos culparíamos del todo al sistema, por que nosotros no nos conformaríamos, solo nos falta ver que el estanque solo es una ilusión y que las verdaderas estrellas están más allá.